Durante décadas, el manejo de la nutrición renal crónica ha estado marcado por múltiples restricciones: potasio, fósforo, proteína y sodio. En la práctica, esto ha llevado a tratar a muchas personas como si todos tuvieran las mismas necesidades, sin considerar la etapa de la enfermedad, el estado nutricional o las comorbilidades.
Sin embargo, este enfoque ha tenido consecuencias, dando lugar a planes de alimentación difíciles de sostener, menos diversos y, paradójicamente, más cercanos a alimentos ultraprocesados que a alimentos naturales (1).
Hoy, la evidencia invita a replantear esta lógica. Más que centrarse exclusivamente en restringir nutrientes, el enfoque actual propone priorizar patrones de alimentación saludables, ajustados de manera individualizada según el contexto clínico (2,3).
Más que preguntarnos cuánto potasio tiene una fruta o cuánto fósforo tiene una leguminosa, el reto es pensar qué patrón de alimentación puede ayudar a proteger la función renal, apoyar la salud cardiometabólica y preservar el estado nutricional sin desestabilizar los parámetros bioquímicos y siempre de una forma precisa, sostenible y centrada en la persona.

¿Por qué ya no hablamos solo de nutrientes en la nutrición renal crónica?
Las guías más recientes, como KDIGO 2024, no eliminan la importancia de nutrientes como proteína, sodio, potasio o fósforo; lo que hacen es reubicarlos en un marco clínico relevante (3,7):
- Promover una alimentación saludable
- Mayor presencia de alimentos de origen vegetal
- Menor consumo de ultraprocesados
- Individualizar de acuerdo con la etapa de la ERC, el estado nutricional y las comorbilidades
Precisamente, esto se debe a que las personas no consumen nutrientes aislados, sino que adoptan patrones de alimentación. Por eso, evaluar únicamente el contenido de un nutriente, sin considerar el contexto del patrón dietético, puede conducir a recomendaciones incompletas o incluso contraproducentes.
El rol de los patrones de alimentación en ERC
En este nuevo enfoque, patrones como la dieta mediterránea, DASH (Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión) y la alimentación con predominio de alimentos de origen vegetal han cobrado relevancia porque (1,4):
- Favorecen una mejor calidad de la alimentación
- Contribuyen al control de objetivos clínicos como presión arterial, acidosis metabólica, perfil cardiometabólico y estado nutricional
El patrón PLADO: alimentación baja en proteína basada en plantas
En este sentido, un concepto clave en este contexto es el patrón PLADO (plant-based low-protein diet). Este patrón hace referencia a una alimentación donde predominan frutas, verduras, leguminosas, granos enteros, nueces, semillas y aceites saludables, incluyendo en pequeñas cantidades alimentos de origen animal (5).
Por eso, esa distinción importa. No se trata de “quitar alimentos”, sino de reorganizar el patrón alimentario hacia una mayor densidad nutricional y un menor grado de procesamiento. De hecho, incluso una dieta vegetariana puede ser de baja calidad si se basa en productos altamente procesados.
Más allá de los nutrientes: implicaciones fisiológicas
Este cambio no es solo conceptual; tiene implicaciones fisiológicas concretas.
Carga ácida de la alimentación
Uno de los mecanismos más relevantes es la carga ácida. Los patrones alimentarios con alta presencia de proteínas animales y productos ultraprocesados tienden a generar una mayor carga ácida, favoreciendo la acidosis metabólica, una condición frecuente en la ERC asociada con deterioro de la función renal, pérdida de masa muscular y alteraciones óseas. En contraste, una alimentación con mayor presencia de frutas y verduras aporta compuestos que generan una carga más alcalina y puede contribuir a mejorar el equilibrio ácido-base.
Eje intestino-riñón
Además, otro mecanismo clave es el eje intestino-riñón. Una alimentación rica en fibra, característica de los patrones basados en plantas, favorece una microbiota intestinal más saludable y reduce la producción de compuestos derivados del metabolismo proteico que contribuyen a inflamación sistémica y progresión de la enfermedad renal (6).
Nutrientes críticos en nutrición renal crónica: manejo individualizado
En cualquier caso, hablar de proteína, sodio, potasio y fósforo en ERC sigue siendo indispensable. El cambio está en dejar atrás la restricción generalizada y avanzar hacia un manejo individualizado.
Proteína
Históricamente, el énfasis estuvo en restringir la proteína para reducir la progresión de la enfermedad. Sin embargo, en la práctica esto ha llevado a ingestas insuficientes que favorecen el desgaste proteico-energético. Hoy, el objetivo es evitar excesos sin comprometer el estado nutricional, lo que implica ajustar la ingesta según (3,7):
- La etapa de la enfermedad
- El riesgo de sarcopenia o de desgaste proteico-energético
- La estabilidad metabólica
- Las comorbilidades
En diálisis, además, las pérdidas aumentan y el requerimiento proteico debe incrementarse para sostener la masa muscular y la funcionalidad.
Fósforo
Asimismo, el fósforo es otro nutriente cuyo abordaje ha evolucionado de manera importante. Tradicionalmente, se restringían múltiples alimentos por su contenido de fósforo, sin diferenciar su origen. Hoy sabemos que esa distinción es fundamental: el fósforo presente en alimentos naturales, como leguminosas, frutos secos o semillas, tiene menor biodisponibilidad que el fósforo inorgánico presente en aditivos de alimentos ultraprocesados, que se absorbe casi por completo (2,8).
En la práctica, por lo tanto, el foco debería estar en reducir ultraprocesados y evaluar los niveles séricos antes de hacer restricciones. De lo contrario, aumenta el riesgo de empobrecer la calidad de la alimentación sin un beneficio clínico claro.
Potasio
Por su parte, el manejo del potasio es probablemente uno de los campos donde más persiste el enfoque restrictivo. Sin embargo, desde la fisiología, la capacidad del riñón para excretar potasio se conserva hasta etapas avanzadas de la enfermedad. No obstante, cuando la tasa de filtración glomerular cae por debajo de 30 ml/min/1,73 m², el riesgo de hiperkalemia aumenta de forma significativa (7).
Aun así, los niveles de potasio no dependen exclusivamente de la alimentación. Otros factores con papel importante incluyen (7,9,10):
- Uso de ciertos medicamentos
- Presencia de acidosis metabólica
- Estreñimiento
- Pobre control glucémico
Además, el potasio de los alimentos de origen vegetal suele venir acompañado de fibra y otros compuestos beneficiosos. Por esa razón, restringir de manera sistemática frutas, verduras y leguminosas puede ser más perjudicial que beneficioso. El abordaje actual invita a evaluar los niveles séricos, su tendencia y el contexto clínico antes de decidir (7).
Sodio
En cuanto al sodio, su papel sigue siendo central, especialmente en el manejo de la hipertensión, la proteinuria y la sobrecarga de volumen. Sin embargo, el enfoque ha cambiado. Más que quedarse en una cifra aislada, el manejo del sodio debe integrarse al patrón dietético global. En la práctica, esto implica reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, fomentar preparaciones caseras y ajustar la ingesta según la presión arterial, la presencia de edema y el contexto clínico (7).
Nutrición renal crónica: principios actuales para la consulta
En la práctica, este enfoque transforma la toma de decisiones. Antes de restringir un nutriente, es necesario evaluar:
- La etapa de la enfermedad
- El estado nutricional
- Resultados de laboratorio y su evolución
- Tratamiento farmacológico
- Patrón de alimentación habitual del paciente
En consecuencia, solo así puede definirse qué ajustar, en qué magnitud y con qué objetivo. Hoy, los principios de intervención nutricional en ERC son cada vez más claros (2,3,7):
- Priorizar patrones de alimentación saludables y sostenibles
- Individualizar cada recomendación
- Favorecer alimentos naturales sobre ultraprocesados
- Evaluar antes de restringir
- Integrar los objetivos renales, metabólicos y nutricionales
En definitiva, porque el manejo nutricional en enfermedad renal crónica no se trata de restringir más, sino de comprender mejor.
Autor: María Paula Guzmán Silva ND.
Referencias